Narradora Oral
Diez cuentos del mundo que ayudan a educarnos
Escritora
Tallerista y conferenciante

En 2019 asistí a las primeras jornadas sobre Derecho de los Animales en Cáceres, donde descubrí cómo la ley y la conciencia social avanzan para proteger a quienes no tienen voz.

El jueves 28 de marzo de 2019 se celebraron en el Colegio de Abogados de Cáceres las primeras jornadas sobre Derecho de los Animales, un evento que ya es habitual en ciudades como Badajoz y que está despertando interés más allá del ámbito jurídico. No solo abogados y fiscales se acercan a estas jornadas; también personas que dedican su tiempo a rescatar animales o que apoyan económicamente ONG, protectoras, santuarios o asociaciones preocupadas por la violencia y el abuso hacia otras especies.

Fue una experiencia apasionante gracias a los tres ponentes, que ilustraron sus ponencias con ejemplos claros y cercanos, haciendo que la escucha fuera amena y estimulante. Lamento no poder transmitir aquí la pasión con la que expusieron sus conocimientos, pero sí quiero compartir lo más destacado de lo que se trató.

El debate social sobre el bienestar animal ha crecido muchísimo en la última década. Lo que antes se consideraba “infantil” o “exagerado” —expresar empatía por los animales— ahora se reconoce como legítimo, y cada vez más personas denuncian injusticias y buscan nuevas formas de relacionarse con otras especies.

En estas jornadas intervinieron la fiscal Olga Suárez Herranz y los abogados Agustín Mansilla y Mariano Marillo.

Agustín Mansilla, con amplia trayectoria en denuncias por violencia hacia animales en nuestra región, hizo un recorrido histórico de la legislación española. Destacó que, tradicionalmente, las leyes no reconocían derechos al animal como tal, sino que regulaban el comportamiento humano por motivos de moral y buenas costumbres.

Por ejemplo, en 1928, durante el régimen de Primo de Rivera, el Código Penal tipificaba el maltrato a animales domésticos como falta, con multa de 50 a 500 pesetas. Este artículo desapareció en reformas posteriores hasta 1995, cuando se incluyó nuevamente el maltrato, aunque aún con muchas limitaciones. En el siglo XXI, con la Ley Orgánica de 2003, se amplían las multas, se incluye el abandono como falta y por primera vez se tipifica como delito el maltrato con ensañamiento, aunque se excluye el maltrato psicológico.

Agustín destacó casos emblemáticos, como el de los cachorros de 2009, que resultó en la primera condena de prisión en España por maltrato animal. Este caso también muestra lo complejo que es hacer cumplir la ley: aunque el condenado no podía tener animales, convivía con uno a nombre de su esposa, quedando un vacío legal sobre la tutela real de los animales.

La fiscal Olga Suárez, que trabaja en Cáceres desde hace 11 años, introdujo la perspectiva de la evolución social y legal en torno al maltrato animal. Relató cómo proyectos piloto de formación policial y redes de fiscales de medioambiente han avanzado en la concienciación sobre los derechos de los animales. Citó ejemplos que reflejan el cambio social, como el caso de los perros mutilados en Tarragona en 2001, que contribuyó a la reforma de 2003, o la historia positiva del golden retriever Mariscal Ney en A Coruña, cuya vida fue reconocida por toda la ciudad hasta dejar una estatua en su honor.

Olga explicó también la complejidad de probar el maltrato, especialmente el psicológico, y ofreció consejos prácticos para denunciar: acompañar siempre la denuncia de pruebas periciales, explorar la vía administrativa y reclamar responsabilidad civil, incluyendo gastos veterinarios y daños morales. Destacó que conductas que parecen normales, como entrenar perros con jabalíes para caza, pueden constituir maltrato si se considera al animal doméstico.

Un caso inspirador que compartió fue el de Cecilia, la chimpancé en Argentina, a la que se le concedió hábeas corpus, reconociéndola como persona no humana, un avance histórico en la defensa de los derechos de los animales.

Finalmente, el abogado Mariano Marillo abordó la reforma del artículo 337 del Código Penal en la que se está trabajando, ampliando la protección a más animales vertebrados y aumentando las penas por maltrato. También destacó las leyes aprobadas en Extremadura, pioneras en incluir a los animales en planes de evacuación ante emergencias y en prohibir su uso en circos y atracciones recreativas.

Queda mucho camino por recorrer, pero es evidente que la conciencia social sobre los derechos de los animales está avanzando. Como decía Víctor Hugo: “No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo”. Y sin duda, el respeto y la protección hacia los animales ha llegado a su momento.


Deja un comentario